No llegué a los datos por la vía habitual.
Mis primeros ocho años profesionales fueron en Ediciones El Jueves, en Barcelona, como técnico de preimpresión y maquetación. Allí aprendí dos cosas que todavía uso cada día: que el detalle importa (un error en una tirada nacional no se puede deshacer) y que las fechas de entrega no se negocian.
Después estudié Ingeniería de Audio en el SAE Institute. Puede parecer un desvío, pero no lo es: el audio es señal, cadena de procesos y oído crítico. Si algo falla en la cadena, se oye al final. Con los datos pasa exactamente lo mismo.
En 2013 entré en DOGA Parts, fabricante y distribuidor de recambio de automoción, para un proyecto corto. Me he quedado más de 13 años, porque cada año había un sistema nuevo por construir. Migré todo el catálogo de la empresa a TecDoc, el estándar europeo de datos del sector. Sustituí el antiguo sistema de informes por un Power BI corporativo diseñado desde cero. Implanté el CRM. He coordinado la migración completa del ERP. Y por el camino he ido asumiendo la gestión de producto, la política de precios, la relación con fabricantes de Asia y Europa y la presencia de la marca en ferias como Automechanika Frankfurt.
Hoy soy la persona a la que se pregunta cuando hay que saber qué se vende, a quién, con qué margen y por qué. Y también la que después tiene que conseguir que los sistemas lo reflejen.
Cómo trabajo
Me gusta construir cosas que se usan. Un cuadro de mando que nadie abre es un fracaso, por bonito que sea. Prefiero un modelo de datos sencillo y fiable antes que uno brillante y frágil. Y documento lo que hago, porque un proceso que solo entiende una persona es un riesgo.
Fuera del trabajo
Soy músico. Toco la batería, el bajo y la guitarra, doy clases de batería y llevo 25 años tocando con la misma banda. Tocar en un grupo te enseña lo que ningún máster de gestión explica: escuchar a los demás, mantener el tempo cuando todo se acelera y saber que tu papel es que el conjunto suene bien.